¡Solo a mí me pasa! A veces pienso que alguien allá arriba juega de forma maquiavélica con mi vida. Una noche de alcohol, logro sacar los recuerdos más penosos osos de mi vida.
-¡Wow! Que bonito departamento, deberías de venirte a vivir a la de ya aquí- comentó la Güera.
-Sí, wey, este depa si tiene potencial para las pedas- dijo Profana emocionada.
Mientras dibujaba con mi dedo círculos concéntricos en el cristal biselado de la mesa redonda y con más de medio litro de Jagermeister y whisky en el cuerpo, comenzaron a flotar esos recuerdos incómodos, tan penosos que te duele el retuetano y que sonrojan al recordarlos.
La Editora Sexosa y yo
Durante más de 3 semanas estuvimos planeando la visita del Vicepresidente Mundial con una agenda detallada con medios de comunicación. Esos dos últimos días habían sido agotadores; levántate a las 6, pasa por ellos, desayuna, come, cena y devuélvelos al hotel.
Animado por que está era la última noche, ya deseaba llegar a cierto hotel mamon de Polanco para el cocktail. No tuve mucho que hacer, revisar los cables, lista de invitados y listo a disfrutar del evento.
De pronto ahí estaba, una de las mujeres más conocidas en la industria, conocida por su extrema sagacidad en los negocios y curvilíneo cuerpecito. Cabellera rubia, tez blanca, brazos de gimnasio (marcaditos y sin ningún cuero colgando), envuelta en un lujoso vestido gris que dejaba mirar de su tobillo a su muslo.
Ahí estaba yo, recargado en una de las barras, mirándola de re ojo. Una mirada aquí, salpimentándola con otra más discreta por allá y BUM … las miradas se cruzaron.
¡Ella me veía!
¿Alguna vez has sentido que el cuerpo tiembla, que tienes tan sonrojada la cara que parece manzana y te dan unos retortijones en la panza? Bueno, todo eso junto le pasaba a mi cuerpo al mismo tiempo. Y yo, tan seguro me atreví a lanzar la primera sonrisa. Ella, inmóvil, sentada.
De pronto me llamaron del otro lado del evento, me dí la vuelta y me di cuenta de algo terrible.. aterrador.
A mis espaldas de la barra, en medio de dos edificios cuyas paredes blancas estaban siendo utilizadas para proyectar una película. Todo esto empeoro, al darme cuenta que la película era El Graduado y sospechar que no me veía a mí. Mi fantasía se fue por el caño, escurriéndose tan rápido que se me fue entre las manos.
Finalizo el discurso y cuando me acerqué al Vicepresidente para darle feedback de su presentación. ELLA lo hizo también, acomodándole la corbata con cierta inocencia.
¡MIERDA, MIERDA, MIERDA!
Nos tuvimos que presentar y ELLA conoció mi nombre. Mi cara ardía de pena, sentía como la posición de galante pavorreal se convertia en un timido gatito. La veía a los ojos por compromiso, pero su mirada ya era más inquisitiva que de aprobación.
Me di la vuelta, con paso rápido y disimulado me fui a la barra:
-Un whisky doble, en las rocas-
No solté el vaso en toda la noche y tampoco volví a voltear.
No me llamo Raquel.
Había sido una pésima noche. Mi ligue con la que llevaba saliendo más de 3 semanas había vuelto con su novio. En pleno miércoles, para evitar la terrible cotidianidad de casa y las preguntas incomodas que podrían pulular en mi mente, decidí tomar marcha al Cinna Bar.
Mi Cosmpolitan hacia juego con los colores rojos y obscuros del lugar. Me dispuse a beberlo despacio y con gracia.
Meseros, comensales y curiosos iban y venían de la barra. Ya después de unas horas como siempre te empiezas a familiarizar con tus vecinos de barra y es ahí cuando empiezan las platicas sabrosas y casuales de monosílabos con significado escondido.
-¿Triste?- dijo el Gigoló
-Un poco- contesto ella. Cabello pelirrojo entintado, piel bronceada, ojos marrones. Con los hombros al viento en una blusa de seda negra.
-Tengo hambre-
-Yo también- contesto.
-Pues aquí cerca están unos tacos ¿Vamos?
-Dos al pastor y un agua de horchata- le dije al taquero con todo imperante.
Algo no me cuadraba mucho, hasta ese momento no sabía su nombre ni el porque ella hubiese aceptado tan rápido una invitación, pero no me importaba mucho, solo era compañía.
Entre mis manias existe la de ser observador. Y es que primero dejo que las personas actúen y con ello me doy cuenta del tipo de modales y educación que tienen.
Levanto su taco de piña con carne al pastor, extendió el meñique. Algo hizo clic dentro de mí.Sus dedos eran largos, largos un poco huesudos. ¿Será pianista? Me pregunte.
Al llevar el taco a su boca, me di cuenta que tenía una piel bonita, aunque demasiado bronceada y de poros un poco abiertos en la zona del bigote. ¿Será que es muy peluda o no se depila bien?
Volví del baño y la vi sentadita en la silla. La pierna cruzada, demostrando el más de 1.85 de estatura.
Por un momento me sentí como Caperucita preguntándole al Lobo:
-Ammm ¿Oye tocas algún instrumento?-
-No. ¿Por qué lo dices?
-Es que tienes las manos grandes-
-¿Juegas basket?
-No. ¿Pero a poco no te has dado cuenta?
-¿¿¿¿¿De que??????? -
-¡Ay cosita! No todo es lo que aparenta nene-
Como gancho al hígado conectado con un jab a la quijada y las rodillas chocando como maracas, la respuesta me dejo tirado, sin respiración en el ring de la taqueria.
-Mesero ¡La cuenta por favor!-
Sin ser grosero me despedí, deseándole una buena noche y que se siguiera divirtiendo. Un poco sacada de onda, no me pregunto más, solo dijo: Buenas noches.
Me di la vuelta, doble a la derecha en la primera calle ya estaba llamando por celular a La Roja (mi amiga gay, judía, marihuana y artista)
-Wey ahora sí me vas a poder cantar la de Me llamo Raquel-